Tienes en tu cajón un décimo premiado con cuatrocientos mil euros. Y no es tuyo. Es de Ramón, tu compañero.
El que se lleva el mérito de tu trabajo. El que se rió de ti delante de todos en la cena de empresa. Hace una semana te lo dio: «Guárdamelo, que yo los pierdo todos».
No se sabe el número. Nadie más lo ha visto. Hoy es veintidós de diciembre.
La tele de la oficina canta el número. Lo miras dos veces. Es ese.
Ramón entra por la puerta y te pregunta: «Oye, ¿te acuerdas de dónde dejé mi décimo?»
¿Tu honradez depende de cómo se porte el otro?